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Los ministerios laicales de lector y de acólito

15/01/2021

El pasado 10 de enero el papa Francisco publicó la Carta apostólica en forma motu proprio titulada Spiritus Dominipor la cual modifica el canon 230.1 del Código de Derecho Canónico sobre los ministerios de lector y de acólito. Hasta ahora, este canon establecía que los hombres laicos que tuviesen las condiciones adecuadas podían ser instituidos de forma estable para el ministerio de lector y acólito. La reforma de este canon establece que, a partir de ahora, no son solo los hombres sino también las mujeres, quienes pueden recibir este ministerio instituido  

Los ministerios de lector y acólito fueron establecidos por el papa san Pablo VI el año 1972, en sustitución de las antiguas “órdenes menores”. Son unos ministerios laicales que, aunque han de recibirlos de forma necesaria como un paso previo los hombres que avanzan hacia el ministerio ordenado, pueden también ser instituidos a cualquier laico que de forma estable ejerza estos ministerios en la Iglesia. La institución de estos ministerios con el ritual litúrgico propio da un reconocimiento público a este servicio de los laicos en la celebración litúrgica. Por este motivo, dentro del Ritual de órdenes sagradas y de los ministerios, hay dos capítulos dedicados a la institución de los lectores y la de los acólitos, unos ritos que se celebran dentro de la misa, presididos por el obispo (o por el superior mayor de un instituto religioso clerical), y que incluyen la llamada y la bendición de los que son instituidos en estos ministerios.

El ministerio de lector consiste en proclamar en la asamblea litúrgica las lecturas de la Palabra de Dios (excepto el evangelio), así como también el salmo si es preciso, las plegarias de los fieles, la dirección de los cantos, etc. El ministerio de acólito consiste en ayudar a los ministros ordenados en el servicio del altar, distribuir la comunión a los fieles, etc.

Si bien es cierto que, en muchos lugares, los laicos (hombres y mujeres) realizan ya estos servicios de forma habitual sin haber recibido la institución formal en estos ministerios, y que el rito propio para su institución generalmente se reserva a los candidatos a los ministerios ordenados, también es cierto que esta modificación del canon refuerza con un texto oficial la idoneidad de todos los laicos (hombres y mujeres) para ejercer estos ministerios. Habrá que pensar en cada diócesis si puede ser ocasión por promover la institución de estos ministerios de forma ritual más allá de la praxis ya consolidada en la mayoría de comunidades.

Vale la pena destacar que la carta apostólica va acompañada de una Carta del papa Francisco al cardenal Luis Ladaria, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la que el santo padre hace una magnífica catequesis sobre estos ministerios litúrgicos laicales, fundamentados en la dignidad de todos los fieles, que les viene del bautismo por el que han recibido el sacerdocio común de todos los hijos e hijas de Dios. En este sentido no hay diferencia esencial entre hombres y mujeres, llamados a desarrollar tantos servicios, oficios y ministerios, expresión de los diversos carismas suscitados por el Espíritu Santo en el Pueblo de Dios por el bien de la Iglesia y del mundo. A otro nivel estarían los ministerios ordenados de obispo, presbítero y diácono (sacerdocio ministerial), estos sí reservados a los fieles hombres. Se trata, pues, de un paso más en el camino de ahondar en la Teología del laicado potenciada desde el Concilio Vaticano II.