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Entrevista a Gabriel Seguí, «preside» del Instituto de Liturgia del Ateneo Sant Pacià

31/08/2020

«En el Instituto de Liturgia del Ateneo Sant Pacià daremos títulos de licenciatura, máster y doctorado en liturgia»

«Seremos el segundo centro internacional que da títulos universitarios en liturgia, después del Pontificio de Roma»

El Ateneo Universitario Sant Pacià (AUSP) tendrá este curso académico 2020/21 que está a punto de comenzar un nuevo instituto con rango de facultad, el Instituto de Liturgia, que se sumará a las facultades de Teología, de Filosofía y Antoni Gaudí de Historia, Arqueología y Artes cristianas. El 11 de junio pasado, el cardenal Giuseppe Versaldi, prefecto de la Congregación para la Educación Católica, firmó los decretos correspondientes a la constitución canónica del Instituto de Liturgia ad instar facultatis, la nueva institución académica que utilizará la sigla ILF. Estará situada en el edificio del Seminario de Barcelona, es la sucesora del Instituto Superior de Liturgia de Barcelona (ISLB) y la preside el Dr. Gabriel Seguí.

¿Qué es el Ateneo Sant Pacià?

Es el conjunto los centros eclesiásticos de enseñanza con sede en Barcelona, de referencia de toda Catalunya. Son tres facultades y, ahora, este nuevo instituto que representan un centro de referencia de diálogo entre la fe y la cultura, entre la Iglesia, la sociedad civil y las instancias culturales. Lo que quiero subrayar es que el ateneo es una propuesta positiva de la Iglesia de Cataluña hacia la sociedad catalana que también tiene una proyección para toda España.

El Ateneo Sant Pacià aún no puede ser universidad porque tendría que tener cuatro facultades. El Instituto de Liturgia (ILF), con el tiempo, será esta cuarta facultad?

La cuestión es básicamente de terminología eclesiástica. En el sistema eclesiástico educativo para poder ser una universidad tiene que haber cuatro facultades, por eso aún el ateneo, que solo tiene tres, no lo puede ser. Naturalmente este nuevo Instituto de Liturgia, que a pesar de llamarse instituto tiene rango de facultad (ad instar facultatis, dice el decreto de su constitución), dentro de cinco años, que es el periodo que ha dado la Santa Sede, ya será una facultad con todos los derechos y, por tanto, la ateneo podrá aspirar a convertirse en universidad, si así lo deciden las autoridades académicas. Es una cuestión administrativa. Este es el camino habitual en el ordenamiento académico de la Iglesia católica.

A efectos de enseñanza, ¿esta nueva institución académica que usted ha recibido el encargo de dirigir será igual que una facultad?

Igual. Es decir que, como una facultad, daremos títulos de bachiller, licenciado y doctor en liturgia. Y querría subrayar en este punto que este Instituto de Liturgia será el segundo centro internacional que da títulos universitarios en liturgia, después del Instituto Pontificio de Liturgia del Ateneo San Anselmo de Roma. En el panorama de los estudios eclesiásticos, este es un hecho sumamente relevante.

Toda la enseñanza que se dará en el nuevo ILF ya se haciendo, pero...

Sí, lo que pasa es que dependíamos orgánicamente de la Facultad de Teología. Desde el punto de vista jurídico, ¿qué significa el instituto? Pues significa una mayor autonomía dentro del ateneo porque su presidente, que es un servidor, tiene consideración de decano. En segundo lugar, los títulos serán propios. Hasta ahora se daba el título de licenciado en teología especializado en liturgia, a partir de ahora los licenciados lo serán directamente en liturgia (máster y doctorados en liturgia).

¿Quién estudia liturgia?

En principio puede estudiar liturgia cualquier persona que tenga los estudios previos adecuados. En la práctica casi todos son sacerdotes, por un motivo: porque han hecho los cinco años previos de estudios eclesiásticos. Esta particularidad es muy propia de España, de Francia, de Italia..., pero en Alemania, por ejemplo, hay mucha gente que estudia teología y no son sacerdotes y, por tanto, podrían entrar en el instituto. Aquí hay algo que me parece relevante, y es que la Santa Sede nos ha concedido dar también el bachillerato en liturgia, los estudios previos a los estudios propiamente universitarios dentro del sistema eclesiástico.

¿Vuestros estudios están homologados civilmente?

Claro está, porque la Santa Sede firmar en 2003 el convenio de Bolonia. Tienen efectos civiles y son válidos en toda Europa. Si no se hubiera firmado este convenio se habría dado la paradoja que los estudios eclesiásticos, que son el cuna de la enseñanza europea, habrían quedado fuera del reconocimiento civil.

Este nuevo ILF surge del Instituto Superior de Liturgia de Barcelona (ISLB).

Exactamente. El ISLB sería el equivalente civil a una escuela universitaria. Se funda en 1986 como consecuencia de instituciones previas, como el Instituto de Liturgia, que no tenía reconocimiento jurídico. Después, fue incorporado a la Facultad de Teología como departamento, un departamento muy potente e internacionalmente reconocido tanto en el campo de la docencia como en el de la investigación.

Así pues, ¿este nuevo Instituto de Liturgia ad instar facultatis es un reconocimiento que os hace la Santa Sede?

Un reconocimiento y una consolidación de nuestra tarea, que ha sido no solo muy importante en Cataluña y en el Estado español sino también en América Latina y en África. Ya desde el principio de la fundación del primer instituto de liturgia se tuvo contacto con países de estos continentes y la relación se ha ido consolidándose con los años. Esta relación no solo ha sido querida por nosotros, sino que se ha dado, también, que en el caso de los latinoamericanos, y por motivos de lengua, venían y vienen muchos a estudiar a Barcelona.

¿En América Latina y en África no hay institutos de liturgia?

No, no hay. Todos están en Europa. Hay que tener en cuenta que el obispado de Barcelona, además, tiene una larga historia misionera y esto ha atraído mucha gente hacia aquí. Querría destacar con respecto los latinoamericanos y africanos, que nosotros no partimos de un concepto peyorativo y negativo de estas Iglesias, sino de un concepto positivo en el sentido que estas Iglesias pueden aportar otra visión de la fe cristiana que merece ser escoltada en Europa. El Instituto de Liturgia es el lugar donde se puede hacer esta escucha con rigor científico y con respeto. Estas Iglesias tienen manifestaciones propias que muchas veces son despreciadas, y no tendría que ser así. Nosotros impartimos la liturgia romana general pero escuchamos las experiencias de estas otras Iglesias.

Si algo impresiona de la Iglesia es, precisamente, su liturgia.

Ciertamente, la liturgia es la manifestación de la fe. Pondré un ejemplo reciente para explicar la importancia de la liturgia: no hay duda de que durante la pandemia del COVID-19 ha habido un trabajo muy importante de mucha gente, ha habido reconocimiento a los profesionales sanitarios, a otros profesionales..., pero todo el mundo necesitaba que hubiera un acto donde se reuniesen todos, un acto conjunto donde recordar a las personas que han perdido la vida. Por ello se hizo un acto en la catedral de la Almudena organizado por la Iglesia y otro en la plaza de la Armería, organizado por el Estado. También las diócesis catalanas (aquí, en Barcelona, en la Sagrada Familia) hacen o harán una misa por los difuntos. ¿Qué quiero decir? Que la gente no puede vivir sin símbolos y sin aplegar en torno a los símbolos, porque los símbolos manifiestan y confirman lo que somos y hacen que nos sentamos unidos en algo que vale la pena. Esto es la liturgia. En todo caso también debe quedar claro que hay una diferencia muy grande entre la liturgia y el protocolo. El protocolo es escenificar un poder y en cambio la liturgia es manifestar un misterio que nos ultrapasa.

En cuanto al impulso del Vaticano II, este hizo que a finales de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado en las misas se incorporasen guitarras y las catequistas diesen la comunión, ¿esto fue un batacazo para la liturgia?

La liturgia ha dialogado con la sociedad de cada época. Ahora, en este diálogo hay caminos más acertados que otros. Este tipo de liturgia fue un intento de abrirse, se hizo con buenas intenciones. Es importante decir que la liturgia no es un acuerdo puramente exterior. De hecho, es algo interior, de la estructura.

Este reconocimiento del Instituto de Liturgia que usted dirige no deja de ser un reconocimiento al trabajo que se ha hecho en Cataluña desde hace años en esta disciplina, como el I Congreso Litúrgico que se hizo a Montserrat en 1915.

El Congreso Litúrgico del 1915 responde a lo que era el movimiento litúrgico europeo en los siglos XIX y XX. Fue de una importancia capital porque, de entrada, revelaba la conexión de Cataluña y de las Islas Baleares, que también participaron, en el movimiento europeo de renovación de la liturgia. Con aquel congreso Cataluña entraba de lleno en el movimiento litúrgico que preparaba el Concilio Vaticano II, un concilio con el que la Iglesia catalana se identificaría plenamente.

¿Hubo un antes y un después de este Congreso de Montserrat?

Naturalmente. Lo que hace este congreso es iniciar la recuperación de la liturgia como eje fundamental de la vida de la Iglesia. Por un lado reúne a los estudiosos de la liturgia, que estaban dispersos, y de la otra impulsar iniciativas. Se tiene que destacar especialmente que impulsó la popularización de la liturgia, la participación activa de los fieles, los cantos litúrgicos, el hecho de que los fieles se sintieran concelebrantes. Antes de aquel congreso la liturgia se había convertido en algo en lo que la gente que iba a misa no participaba, y a partir de entonces eso cambia radicalmente: se hace una liturgia más viva y participativa.

Después de aquel congreso Barcelona se convirtió en una ciudad con una amplia oferta litúrgica.

En Cataluña se ha hecho un trabajo constante a favor de la liturgia. En el año 1958 se crea el Centre de Pastoral Litúrgica, y en el 1969 se funda la Societat Catalana d’Estudis Litúrgics, adscrita a la sección Histórico-Arqueológica del Institut d’Estudis Catalans. En el 1986 se erigirá el Instituto Superior de Liturgia de Barcelona dentro de la Facultad de Teología de Cataluña.

¿Qué significa para usted haber sido nombrado presidente del Instituto de Liturgia del Ateneo Universitario Sant Pacià?

Estoy agradecido por la confianza que han depositado en mí. Soy consciente del desafío que supone, por eso mi desafío personal es constituir un equipo sólido de colaboradores, para que el ILF pase a la historia. Trabajo con mucha ilusión y con la conciencia de que esto tiene un plazo y cuando termine mi mandato volveré a mis investigaciones personales, que ahora he tenido que arrinconar.

La presentación oficial de este nuevo Instituto será en octubre.

Será en concreto el día 9 de octubre en el Seminario de Barcelona y se hará coincidiendo con el acto de inauguración del curso del Ateneo Universitario Sant Pacià. Para entonces esperamos que las clases ya habrán comenzado.

Entrevista publicada en El Punt Avui en catalán