Noticias

El silencio y la acogida

03/06/2019

En el CPL nos hemos animado a abrir un blog dedicado a la liturgia dentro del portal de Catalunya ReligióLa Cumbre se acerca»). Es una buena forma de recordar que la liturgia no es un accesorio dentro de la vida cristiana, sino un eje vertebrador, como lo es esta misma sección de Catalunya Cristiana que estáis leyendo.

Con voluntad de llegar a la gente más joven, el CPL ha confiado el blog a Maria Guarch, que con sus veinti tantos años es la persona más joven de la casa. La María, semanalmente, los jueves, con la perseverancia que pide el blog, va recordando que es la liturgia, con artículos propios o rescatando materiales ya publicados que conservan todo su interés y actualidad. Y lo hace ayudada por un muñequito «lego», que debe de ser el primero de su promoción que va a misa todos los domingos. Es de agradecer la confianza de los veteranos del CPL, muchos de ellos verdaderos eruditos en materia litúrgica, siempre amantes de la precisión, a los que quizás de vez en cuando les chirríe alguna expresión utilizada en el blog. Esta confianza ya es un valor por sí mismo en el momento eclesial en el que vivimos.

Yo quería comentaros uno de los artículos publicados en el blog, uno de Mons. Tena sobre la atmósfera de oración que hay que crear dentro de la Iglesia, y que tan a menudo enturbiamos de mil maneras. Me gustó mucho cuando lo leí, precisamente porque valoro el silencio. El obispo Tena acababa diciendo:

«Los que frecuentamos la iglesia, y de algún modo nos cuidamos de ella —clérigos y laicos— deberíamos esforzarnos en asegurar constantemente su cualidad de atmósfera de oración. La liturgia de la dedicación de una iglesia repite constantemente que se trata de un lugar de oración. Un texto antiguo decía: Locus iste sanctus est, in quo orat sacerdos («Este lugar es santo, en él ora el sacerdote»). El ars celebrandi pide un marco de silencio porque la mens —el espíritu— pueda estar a punto de concordar con la vox —los ritos y oraciones—.

El domingo pasado, sin embargo, fui a misa a una parroquia cercana, que no es la mía. Personas mayores o muy mayores de un barrio obrero. El ambiente no se parecía en nada a lo que describe Mons. Tena. En primer lugar, porque el espacio no era particularmente bonito: la iglesia se construyó en un sótano porque no había más espacio y tiene una estética un poco de barracón, en armonía con las sencillas viviendas del alrededor. La gente, al llegar, se saludaba muy efusivamente. Una pareja mayor se cayó (pasa relativamente a menudo porque existe un desnivel entre la calle y el interior) y todo el mundo corrió a auxiliarles. Después, a la hora de la paz vi como el sacerdote iba expresamente a saludarles y durante la comunión, un par de personas se aseguraron de acompañarles con seguridad para que no volvieran a caerse. El momento de la salida volvió a ser momento de saludos y cháchara de todos. Recordé el artículo de Mons. Tena, pero pensé que en ese momento de la celebración más solemne de la semana, no me estorbaban las palabras, porque el «mirad como se aman» tomaba un sano protagonismo. Me parece que el propio Jesús se hubiera sumado, muy contento. Nuestras comunidades quizás son mayores y anticuadas, pero la expresión no forzada de la mutua estimación es un signo de la presencia de Dios, que no se contradice nada con el silencio de Mons. Tena. Hay tiempo para todo.